martes, 2 de febrero de 2010

Cuentos, mitos y leyendas sobre Apurímac

Hola nuevamente. En esta ocasión les muestro mi trabajo de campo denominado Tradición Oral. Es correspondiente a mis orígenes, Apurímac, una tierra mágica y encantadora. Mi informante es la señora Zenaida Ortíz Palomino del distrito de Talavera de la Reyna quien me narró estas historias que quiero que lean a continuación y espero las disfruten.


La laguna de Pacucha

En los tiempos antiguos existían dos Andahuaylillas: el Hatun Andahuaylilla que era del Cusco y el Uchu Andahuaylilla que era de Pacucha. Ahora se le llama Pacucha Andahuaylilla. Cierto día se había realizado un matrimonio en el cual sólo asistió gente adinerada del pueblo. Es entonces que apareció un anciano todo harapiento; aquel sujeto guardaba un cierto enigma pues los perros al detectar su presencia ni le ladraron o mordieron y fue así que ingresó a la fiesta. La gente se extraño preguntándose: ¿por qué los perros no muerden a ese viejo apestoso?, y aquello fue comentario de todos; fue entonces que salieron los padres de la novia, -¿qué es lo que desea este viejo apestoso?, que se vaya a su casa, ¡sáquenlo!- dijeron, pero las personas que estaban en la reunión se extrañaban por su presencia, sobre todo al darse cuenta de que los perros no le ladrasen o mordiesen. Las personas se imaginaron: quizá sea Dios y en esa forma se presenta, pero algunos no hicieron caso ante la extrañeza de los demás, -¡que no ingrese!, ¡que no ingrese!- decía la novia, el novio mencionó lo mismo. Fue entonces que el anciano no ingresó a la fiesta de matrimonio y se fue. Continuó su camino y se alejó de aquel lugar. De pronto ingresó a una casa donde una señora estaba moliendo máchica. La señora cargaba a su bebé a la vez que molía, Fue entonces que el hombre le dijo: ¿puedo ingresar?, y la señora le dijo que pase adelante, que tomara asiento, para ello le ofreció un cuero de oveja a fin de que no se ensuciase; a la vez le convidó un poco de su máchica en un plato, -¡sírvase!- le dijo, con un poco de agua pasará mejor, esta máchica es lo único que puedo ofrecerle, -¡gracias!- le dijo el anciano, pero no la probó, sólo la olió, -¿podrías regalarme aquella flor que tienes a tu costado?- le dijo el anciano, luego quiero que alistes enseguida tus cosas para tu cocaví (provisiones), que cargues a tu bebé y que partas, Fue entonces que la dejó en un lugar alejado del pueblo, de ahí le dijo que se fuera a la parte más alta del cerro y que no mirase atrás a pesar de que escuche algún ruido en el pueblo pues si lo hiciese se iba a convertir en piedra, pero la señora no le hizo caso. Fue el ruido y la curiosidad la que le hizo voltear y mirar hacia el pueblo, aquel ruido era el terremoto que había mandado el anciano, el agua se desbordó y fue así que se formó una laguna: La señora junto a su bebé y la oveja se convirtieron en piedra; el causante de que la laguna ahogara a todo el pueblo fue Dios quien fue al pueblo a realizar una prueba. Todo era en realidad una prueba.


Hay una creencia enorme con respecto a la laguna de Pacucha. Se dice que un día tomará desayuno en el pueblo de San Jerónimo, luego almorzaría en el pueblo de Andahuaylas para luego cenar en Talavera de la Reyna. Lógicamente, ello quiere decir que inundará todo el valle. Mi madre me contó en cierta ocasión, para ser más exacto en el año 2008, en el mes de septiembre, que se oyó rumores de que la laguna de Pacucha se estaba desbordando. Las personas se asustaron tremendamente, subieron a las zonas más altas de los cerros. Cogieron lo que tuvieron a la mano y partieron rumbo a las alturas. Se oyeron incluso las sirenas de algunas ambulancias que alertaban a los pobladores. Menos mal sólo fue un susto.



En foto: personajes de la leyenda de la laguna de Pacucha.



San Pedro y Santa Catalina


Existe un camino que se dirige a Talavera de la Reyna hacia Pischo, de ahí a Ocobamba. En ese lugar podemos encontrar dos cerros, los cuales se miran el uno al otro a una larga distancia. Uno se llama San Pedro y el otro Santa Catalina. Es cuando hay tiempos de frío en que se llaman el uno al otro: ¡San Pedroooooooooo!, ¡Santa Catalinaaaaaaaaa! Ambos se devuelven el llamado. Aquellos sonidos ocurren en el mes de junio, en noches de luna llena. El sonido es nítido: ¡San Pedroooooo, puñushkankiñachuuuuu!, ¡San Pedroooooo, ¿puedes darme un salto?! Aquel salto al que se refiere es que Santa Catalina quiere dormir con San Pedro. Los pobladores al escuchar aquellos sonidos se asustan.


Los pobladores tienen una creencia muy marcada. Para el año 2020 los cerros se juntarían y destruirán toda la comunidad de Uchuhuancaray, Ranrapata, Pischo y otros alrededores.


En foto: cerro San Pedro.



En foto: cerro Santa Catalina.



El cerro San Pedro


Este misterioso cerro le trae malos recuerdos a la Señora Zenaida. Su hermano se encontraba pasteando vacas de su propiedad cuando de pronto se dirigió a una parte del cerro San Pedro, dejó a las vacas que comieran del pasto de aquel lugar. Luego, se fue junto a un amigo a buscar una hierba denominada runtuhuayra. Fue entonces que sucedió lo inesperado; San Pedro lo había capturado dentro de sí, lo había enterrado. Lo que pudo presenciar al estar en el interior del cerro fueron unos jardines bellos, un camino brillante al cual se dirigía. Pero su hermano es religioso y pensó: ¡el diablo caminará por los cerros, me estará ocultando, seguro ha abierto su camino y por él estoy yendo! El agua cristalina estaba a cada lado de él como dos acequias; abundaban las chirimoyas, naranjas y muchas otras frutas. Fue entonces que su hermano rezó un Padre Nuestro y después de unos veinte minutos es que aparece en un lugar denominado Cusipata. Es en aquel lugar que empieza a correr hacia la carretera para verificar que su ganado no se haya comido el maíz. Revisaron que todo esté en orden y se marcharon. Su hermano no volvió por aquellos lugares nunca más.



El burro y el gallo


Hace muchos años los españoles llevaban dinero en cantidades pero habían momentos en los cuales no podían llevarlo todo. Fue entonces que enterraron sus tesoros en ciertos lugares del camino, pero conforme pasaba el tiempo aquel dinero fue tomado en posesión por los espíritus malos. Un señor construyó su casa en uno aquellos lugares destinados para el entierro de los tesoros pero él no lo sabía. Construyó, además de la casa, un corral para su burro. La luna se encontraba en un estado de cuarto menguante, el señor prendía el fuego para cocinar sus alimentos, la noche se tornaba tranquila. Fue la mañana siguiente en que ocurriría lo misterioso que motivó al sujeto a cometer un acto lamentable para él. Su burro se había echado sobre las cenizas para protegerse del frío de la madrugada. Es entonces que el sujeto se percata que donde había dormido el burro brillaba la tierra, entonces al escarbar encontró monedas de oro. Al día siguiente ocurrió lo mismo, coincidentemente al aparecer la luna en cuarto menguante. El sujeto no lo podía creer, su burro "producía dinero". La primera idea que tuvo fue que su burro defecaba dinero. Fue entonces que la ambición lo llevó a matar al burro. Pensó que en el interior de su burro se encontrarían ocultos más tesoros pero al asesinarlo no encontró nada dentro de sus entrañas. Pero el tipo no se quedó tranquilo. Espero que saliese la luna en su estado de cuarto menguante, prendió fuego, al quedar cenizas colocó bajo ellas el cuero del burro. Lo planeado por el sujeto resultó. Retiró el pellejo y encontró dinero. Usó sus herramientas para escarbar más y más a fin de encontrar más tesoros. Fue tal su éxito que halló un baúl repleto de dinero y joyas. La faena agotó al sujeto. Se echó a descanzar junto al baúl pero de pronto apareció un gallo que empezó a cantar al lado del baúl y al despertar el sujeto no encontró nada entre sus manos. El dinero se había extraviado, se perdió debido a que calló en manos de los espíritus malos. Y a pesar de que el sujeto realizó la mismas acciones no pudo encontrar encontrar sino más tierra dentro de ella.



Los condenados


Antiguamente, habían sujetos que realizaban un trabajo peculiar, viajar desde Ica hasta Andahuaylas transportando vino y caña. Solían descanzar en los tambos en su trayecto. Un grupo de amigos decidieron descanzar en uno de los tambos del camino. La noche llegó, las mulas de pronto se asustaron al escuchar algunos ruidos, se dirigieron en dirección a los cerros. Se trataban de los gritos del condenado: ¡por favor espérenme, por favor espérenme! Al parecer se trata de algún pecador que ha fallecido de pena. En los zanjones el condenado grita fuertemente. Es entonces que uno se puede dar cuenta de su presencia, es por ello que las personas prefieren descansar en el camino. Fue aquella noche en que el grupo de sujetos presenciarían algo que jamás olvidarían. Traian en un anda a un hombre y éste gritaba tanto debido a que dos personas detrás de él le golpeaban con látigos de fierro candente. Cada vez que lo golpeaban gritaba: ¡suyaycuyaguai, guauuuuuuuu! Fue entonces que todos los viajeros decidieron quedarse callados y contemplar simplemente. El susto, como era de esperarse, fue espantoso.


El condenado se reencarna en una persona, se introduce en el cuerpo de uno y de ese modo se salva. Es tan fuerte el impacto de presenciar a un condenado que hasta uno puede morir en el acto. Es ahí que el condenado aprovecha y se lleva el espíritu de uno. Sale solamente a partir de las 6 de la tarde hasta la medianoche.


El condenado puede hipnotizar a una persona, le puede mostrar una calle hermosa, te dice: ¡vamos, levántate, vamos!, y la persona, de pronto, se siente mareada y cumple todo lo que le dice el condenado. Es en dirección hacia los cerros en el que los condenados llevan a sus víctimas. El único que puede sentir la presencia de los condenados son los perros. Ellos al sentir a los condenados ladran y en el acto el encanto del condenado en el sujeto acaba, el camino de luz que presencia el sujeto desaparece al ladrido del perro. La oscuridad de la noche vuelve y el sujeto se siente como mareado. El perro le tiene mucho temor al condenado, es por ello de su ladrido de lamento; se debe a que ve las almas, incluso el espíritu de las personas que van a morir en el lapso de un mes. Nota su espíritu en camino hacia la muerte.


En una cierta ocasión un señor tuvo una interrogante y que lo tuvo consternado, inquieto. El tipo se preguntaba cómo ven los perros al espíritu. Para ello se echó la lagaña de su perro a los ojos. -El perro debe ver todo por medio de las lagañas- se dijo el sujeto. Pero lo lamentable llegaría al realizar el acto mencionado. El sujeto, cuentan, se volvió loco. Veia espíritus malos, algunos con rostros sin narices. No estaba tranquilo debido a que aparecian varios sujetos a su alrededor, a cada lado que mirase encontraba un alma. Fue tanta la desesperación que la locura se apoderó de él. Es por ello que nunca uno debe colocarse lagaña de perro en los ojos, estos caninos ven las almas.



Los Gentiles


Se dice que antiguamente existían sujetos que habían fallecido al enterarse de una lluvia de fuego que llegaría a destruir sus poblaciones. Es así que procedieron a realizar excavaciones al pie de los cerros y luego de producida la lluvia saldrían. Pero varios de estos sujetos quedaron enterrados, estos sujetos son los Gentiles. Al parecer estos personajes se comportaron indevidamente, cometieron pecado y escapaban de la lluvia de fuego debido a que Dios los iba a castigar. Los Gentiles no querían morir, es por ello que decidieron vivir en las profundidades de los cerros. Ellos pasaron ese fin del mundo en los subterráneos pero quedaron atrapados para siempre. Es por eso que existen muchos huesos en aquellos lugares.


Es debajo de un cerro ubicado en Pischo que se encontraron huesos de Gentiles. El propietario del terreno en los alrededores decidió ampliar su tierra de cultivo pero al encontrar sus trabajadores huesos dentro del pie del cerro no continuaron con la labor, el temor era tremendo. Fue así que el propietario, un tal Gumercindo León, fue por su propia cuenta a cavar y retirar los huesos del lugar. Fue entonces que el temor al inicio de sus trabajadores se concretó. El señor Gumercindo se volvió loco, la maldición cayó sobre él. Por ello que los pobladores cuando encuentran huesos en las laderas de los cerros deciden no construir en sus cercanías. Los pobladores tienen el temor de que les caiga la maldición de la locura.



La llorona


Un viajero que realizaba la labor de transportar licor de Ica hacia Andahuaylas había conocido una chica la cual fue su enamorada. La chica tenía una choza alejado del camino. Cada vez que el sujeto se dirigía a Ica la visitaba. Pero en uno de los viajes que realizaba el sujeto no se enteró que ella había fallecido producto de un cólico. Decidió dejar sus pertenencias en uno de los tambos del camino. La casa de su enamorada quedaba a unos kilómetros. Se despidió de sus amigos para ir a visitar la casa de ella. Al estar casi cerca de la casa sintió su llamado. Notó que no había ganado alguno alrededor ni ave de corral. Escuchó de pronto su llamado: ¡Víctor, acá estoy!, entonces el sujeto ingresó y le preguntó qué había de cenar. -No cociné nada- le dijo la chica. Víctor decidió encender el fuego pues estaba oscuro. Ella se negaba a que él prendiese el fuego, pero Víctor enciende el fósforo y presenció algo espantoso. La nariz de su enamorada estaba llena de gusanos. Ella le pide que duerma con ella. Él le dijo que más tarde; en realidad estaba asustado y no sabía cómo salir del lugar. Fingió sentir ganas de miccionar y para ello salió fuera de la casa. Al salir cierra la puerta con un palo y una soga que llevaba; luego escapó en dirección donde se encontraban sus amigos. La chica se da cuenta de su escape y decide seguirlo. Ella gritaba fuertemente: ¡Víctor, por favor espérame, Víctor, por favor espérame! Todo el camino se la pasó gritando. Es entonces que el sujeto llegó donde se encontraban sus amigos. Eran las 4 de la mañana y ellos estaban preparando el desayuno. La alegría de Víctor fue tremenda al llegar junto a sus amigos pero duró poco pues los gritos llegaron nuevamente a sus oídos. Ella se encontraba en las altura de los cerros; el grito era aterrador. Fue entonces que decidieron seguir el camino rumbo a Ica y luego volver a Andahuaylas. Por el camino no los seguiría, los condenados no pueden acercarse a los caminos.



El chikchi


Hay muchos cuidadores en la comunidad que protegen los sembríos a base de cohetes porque el cohete lo sueltan cada vez que viene el chikchi, o sea la granizada que es quien destruye los sembríos. Antes de que empiece a caer el chikchi uno tiene que buscar los cohetes en las comunidades, el sonido del cohete asusta al chikchi. El cuidador del sembrío tiene que ser un tipo joven para que con su agilidad pueda combatir la granizada. Además de los cohetes lo que se utiliza para combatir al chikchi son los cuchillos, con él se forma una cruz señalando el lugar por donde se aproxima la granizada, se realiza un rezo invocando a Jesús, María y José, otros le rezan al Padre, Hijo y al Espíritu Santo, también recurren a la sal formando con ella una cruz, el huevo es otro apoyo, pero este huevo tiene que ser huero, tiene que ser huevo malogrado, aquel huevo es lanzado mediante la guaraca hacia las nubes a fin de combatir la granizada. Es una creencia aquello de combatir el chikchi. Los pobladores proporcionan de cohetes para que puedan cuidar los sembríos, todos tienen que colaborar comprando cohetes. Quienes preparan los materiales para combatir al chikchi son las mujeres que viven cerca de los sembríos, pues ellas tienen la sal de piedra y con ello fabrican los cohetes, también tienen los huevos hueros listos para ser tirados con guaracas. La señora Zenaida comprobó aquella creencia utilizando el cuchillo y logró desviar la granizada, era un día en el que el chikchi estaba destruyendo su sembrío de zapallo y de casualidad levantó los cuchillos formando una cruz con ellos y fue de esa manera que se desvió el chikchi.



El soplo correcto


Aunque resulte increíble el soplido de una persona puede alejar las lluvias pero para ello hay un secreto. Una persona que nace en los meses de junio, julio y agosto son quienes pueden alejar a la lluvia, ellos soplan y la lluvia obedece. Las personas nacidas en los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre son quienes llaman a la lluvia con su soplido, pues en enero y febrero son las fechas en las que la lluvia cae, por eso cada persona nacida en un determinado mes puede llamar o alejar a la lluvia. La señora Zenaida nació en el mes de julio, ella me dijo que puede alejar a la lluvia.


Gracias por su atención.





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