
(Cuento de ciencia ficción)
En un pequeño pueblo viejo y deshabitado, llamado Dunwich, vivía una mujer junto a su padre. Ella tenía por nombre Liviana Watheley (una mujer albina de 35 años un tanto deforme y sin el menor atractivo). Un día dio a luz, un domingo 2 de febrero de
A medida que el tiempo iba pasando Wilbur iba creciendo a un ritmo vertiginoso. La gente empezó a tener aversión por él (marcado por la brujería y cuando gritó Yog-Sothoth con un gran libro entre sus manos; los perros se enfurecían al verlo). En el pueblo empezaron a suceder hechos anormales. Cada víspera de mayo y de todos los Santos (dos veces al año) los Watheley solían celebrar diabólicas hogueras y entonar sus infernales rituales ante la piedra con forma de mesa en la cumbre de Sentinel Hill. Su abuelo poseía una granja de ganado, la cual fue desapareciendo misteriosamente. Esto provocaba que la granja tuviese un ambiente enrarecido y desprendiera un olor nauseabundo que se podía comprobar en cualquier parte del pueblo. El abuelo de Wilbur, ni bien nació éste, realizó reparaciones en la casa, en el piso superior.
En una primavera, el viejo Watheley presentía su muerte. Las chotacabras (aves conductoras de almas al reino de los muertos) acudían por las noches a chillar bajo su ventana. Es así que un día Wilbur llama al Dr. Houghton. El viejo balbucea algunas palabras entrecortadas a su nieto. Lavinia no cesaba de llorar, en tanto que Wilbur se echó a reír. Luego de la muerte de su abuelo, el muchacho decidió seguir con el negocio de la granja de ganado del abuelo, pero seguía ocurriendo las mismas pérdidas de ganados. Él también realizó reparaciones en la casa, pero en el piso inferior, trasladando los libros heredados por su abuelo, que en su mayoría eran libros de brujería. Tenía muchos ejemplares pero le faltaba uno titulado Necronomicón (en una versión completa), y a pesar de sus esfuerzos no podía conseguirlo. Es así que se dirige a la biblioteca de la Universidad de Miskatonic en Arkham, pero su intento por conseguir el libro falla.
El Dr. Armitage leyó el libro Necronomicón y luego prohibió a las demás bibliotecas que le den un ejemplar a Wilbur. Ante ello, Wilbur decidió robarlo en la librería de Arkham pero al momento en que se llevaba el libro el perro guardián de la biblioteca lo muerde hasta dejarlo destrozado, emanando de él un olor nauseabundo, similar al que se desprendía de la granja de su abuelo. El Dr. Armitage y sus dos colegas: Dr. Morgan y Rice, descubren a una ser que se trataba de una criatura humana, con manos y cabeza de hombre pero el torso y las extremidades inferiores tenían una forma monstruosa; del abdomen brotaban un montón de largos tentáculos, entre grises y verdosos. Antes de morir, Wilbur balbuceó las siguientes palabras: “N’gai, n’gha’ ghaa, bugg-shoggog, y’hah; Yog-Sothoth, Yog Sothoth…”.
Pero el verdadero horror de Dunwich empezaría en el año de 1928. Se escuchaba un ruido estruendoso en las montañas como por el insoportable olor y sonidos que salían de los dos pisos entablados de la granja vacía de los Watheley. Luego, por la mañana, Luther Brown (mozo de la familia Corey) vio que la casa entera de los Watheley había volado por los aires y que hubo restos de madera por el suelo, como si hubiese estallado una carga de dinamita en su interior, y de que encontró huellas espantosas llenas de sustancia pegajosa y vacas de la familia Seth que estaban muertas con signos de haber sido chupadas la sangre. La criatura se dirigió hacia el barranco de Cold Spring. La gente estaba desconcertada, seguían desapareciendo las vacas y dos familias fueron aniquiladas (la familia de Elmer Frye y de Seth Bishop).
Por otra parte el Dr. Armitage estaba descifrando, junto a otros especialistas, el manuscrito que Wilbur había dejado en su escritorio en la granja. Después de tanto esfuerzo consiguió su objetivo, en el cual se aclaraba cuál era el plan para acabar con la humanidad. Ante este hecho los doctores decidieron que había que desaparecer a la criatura que estaba aterrorizando al pueblo y hacerlo desaparecer mediante un conjuro.
El lugar elegido para hacer el conjuro fue la cima del Sentinel Hill. Los aldeanos esperaban a lo lejos. Uno de ellos (Curtis Watheley) miró por el catalejo y pudo apreciar a la criatura infernal. En su último aliento el monstruo gritó el nombre de su padre.
Después de finalizar el conjuro cayó un rayo sobre la piedra altar y una gigantesca ola de hedor baño toda la montaña hasta el pueblo. Árboles, maleza e hierbas fueron arrasados por la furiosa acometida, los aldeanos casi se asfixian y las chotacabras estaban por todo el bosque muertas. Luego, el nauseabundo hedor desapareció. Se argumentó en el pueblo que aquella extraña bestia y Wilbur eran hermanos y que la bestia se mantenía oculta en la granja alimentándose de las vacas que su abuelo y hermano le compraban.
Howard Phillips Lovecraft: Los mitos de Cthulhu
(Adaptado por Adolfo Ramírez Serna)
En tiempos muy antiguos, anduvo paseándose con su yacolla (manto) y su cusma (túnica) tomando la apariencia de un pobre hombre, harapiento, pobrísimo, por entre las comarcas de estos reinos. Sin saber de quién se trataba, algunos hombres lo trataban de mendigo y murmuraban al verlo: “miserable y pobre piojoso”. Sin embargo, este hombre poseía poder sobre los otros.
Por aquellos tiempos, había una doncella llamada Kawillaca. Era una doncella a la que todos admiraban, porque era muy hermosa, de belleza sin par, por eso muchos hombres la deseaban. Pero ella lo sabía, por eso no se inmutaba por tan grandes aprecios a su persona. Ella a todos los rechazaba de plano, sin que ninguna huaca la llegase a convencer o seducir, menos a conquistar, porque ella tampoco lo deseaba así.
Sucedió que la doncella Kawillaca, estaba tejiendo debajo de la sombra de un lúcumo. Al saber de esto, Cuniraya, que tenía muchas cualidades sobrenaturales, porque también era sabio, se convirtió en pájaro y subió al árbol. Ya en la rama tomó una lúcuma madura, le echó su germen masculino e hizo caer el fruto delante de la mujer, muy cerca de ella. Ella tomó el fruto y sin vacilar se lo comió. Así quedó embarazada, sin haber tenido contacto físico con ningún hombre.
Pasados los nueve meses, como suele suceder con las mujeres, ella llegó a alumbrar, pese a ser todavía una joven doncella. El primer año crió sola a su huahua, amamantándola. Ella siempre se interrogaba quién podría ser el padre de la criatura y no tenía respuesta. Y cuando la criatura llegó a cumplir un año y ya gateaba, mandó a llamar a todas las huacas y huillcas para saber quién era el padre. Se afirma que cuando escucharon el mensaje, todas las huacas se sintieron regocijados y con sus mejores vestidos y atuendos, asistieron al llamado, cada uno convencido de ser a quien Kawillaca amaría. Este encuentro se dio allá en donde empieza el río Lurín, por donde se hallan majestuosas montañas y donde se encuentra la pacarina de Pariacaca. Tras la congregación, los huacas sagrados decían al unísono: “A mí ha de quererme, a mi ha de amarme”.
En el lugar se sentaron a esperar la propuesta soñada. Al instante, salió la mujer con su hijo en los brazos y se dirigió a ellos preguntándoles quién era el padre, y al no encontrar respuesta dijo que iba a dejar que el propio niño reconociera a su padre. En ese momento Cuniraya Wiracocha, del que se decía era un ser despreciable. Se sentó humildemente muy cerca de la congregación de los señores, vestido de pobre, todo andrajoso y pestilente, y a quien en todo momento ignoraron. La mujer al pasar cerca de él se dijo en su adentro: “Mi hijo no puede ser de un miserable harapiento”.
En tanto nadie decía nada, ella decidió ejecutar su plan, y a la huahua le habló
— Escoge, entre los señores principales que aquí veis, a tu padre.
Y así fue, la criatura empezó a gatear, pasó de largo donde se encontraban las huacas sagradas hasta donde estaba sentado tranquilamente Cuniraya, su progenitor. Kawillaca se sintió humillada al ver que su hijo había escogido al hombre harapiento, y enfurecida dijo:
— ¡No puede ser! ¡No es posible que un hombre tan miserable sea el padre de mi hijo! ¡Nunca!
Y diciendo esto le arrebató a la criatura de sus brazos y fugó del lugar hacia el mar, río abajo. Mientras Cuniraya Wiracocha viendo la huida, enseguida se vistió delante de todas las huacas, son su traje de oro y gritó: “Kawillaca, espérame, mírame, contémplame; ahora soy otro, ahora visto con mis mejores trajes y mi oro, ahora soy hermoso”. Pero Kawillaca no se percató. Seguía avanzando camino abajo, sin volver los ojos a Cuniraya Wiracocha, hacia el mar.
En su recorrido por encontrar a Kawillaca se encontró primero con un cóndor, a quien le preguntó:
— Hermano cóndor, ¿en dónde te encontraste con la doncella que llevaba una criatura en sus brazos? Y el cóndor le contestó:
— Está muy cerca de este lugar, por aquí pasó hace poco. Sigue ese camino y has de encontrarla pronto.
Y Cuniraya Wiracocha, le dijo:
— Hermano cóndor, por haberme dado una buena noticia de Kawillaca, te deseo larga vida. Serás el amo de los cielos.
En su recorrido encontró a un zorrino, a quien le preguntó lo mismo que al cóndor y el zorrino respondió:
— Es en vano que sigas buscándola, ella está ya muy lejos, ya no la encontrarás.
— Por haberme dado una respuesta mala –dijo Cuniraya– te condeno a no caminar durante el día, los hombres te odiarán y apestarás.
Siguió. En su trayecto hacia el mar se encontró con un puma que, a la misma pregunta, le respondió:
— Estás muy cerca de aquí, si te apuras la alcanzarás. Cuniraya, alentado, respondió:
— Serás muy amado por tus grandes dotes, como nunca nadie lo fue.
Después se encontró con el zorro, quien le dijo que Kawillaca estaba muy lejos y que no la alcanzaría.
Cuniraya, enfurecido, le dijo:
— Todo el odio de los seres caerá sobre ti, te dirán que eres el más malvado de todos, te odiarán mucho.
También, en su camino, se encontró con un halcón que le dijo:
— Kawillaca se encuentra muy cerca e inclusive ya estás muy pronto a alcanzarla. Cuniraya, le dijo:
— Tendrás felicidad a tu lado, comerás picaflores y otras aves.
Siguiendo la misma ruta se encontró con un lorito. El lorito le mencionó:
— Kawillaca va muy lejos de aquí, ya no te será encontrarla. Cuniraya, le maldijo:
— Caminarás gritando, fuertemente y tu intención de destruir las cosechas serán inmediatamente avisada para ahuyentarte del lugar.
De ese y otro modo, a cada cual que le daba una buena noticia, Cuniraya Wiracocha le daba parabienes y sus gracias, le dotaba de dones y de un buen porvenir. Y si era todo lo contrario, es decir, si les daban malas noticias, lleno de furia los condenaba para toda su vida. Así llegó a la misma orilla del mar.
Kawillaca se mostraba triste y dispuesta a sacrificarse por haber tenido un hijo de un miserable y harapiento, lo que para ella era significaba una deshonra sin límite. Su huida hacia el mar era para quitarse la vida, por eso decía: “Por haber parido un hijo de un hombre inmundo, despreciable, me quitaré la vida para siempre, desapareciendo en la inmensidad del mar”, y así se arrojó al agua, convirtiéndose en dos grandes piedras, las mismas que tienen semejanza a la de dos seres humanos, mar adentro, en las tranquilas aguas que están frente al oráculo sagrado de Pachacamac.